Por fin el día amaneció despejado, y nos dimos cuenta que desde nuestra pequeña terraza teníamos una bonita vista del Teide. A partir de ahora los desayunos serían más gustosos, jeje.
La ruta proseguiría por donde lo dejamos, tirando de nuevo hacia el este de la isla, y bajando hasta la Playa de los Gigantes. El objetivo era contratar una de las embarcaciones que te acerca a los acantilados y te lleva a ver los cetáceos. En la oficina de información ya nos dieron un listado de empresas: las opciones eran, o desde la Playa de los Gigantes o desde la Playa de Los Cristianos/Las Américas.
Esta vez nos paramos en Icod de los Vinos (al ir al Este siempre pasas por ahí) para ver el famoso árbol 'Drago Milenario'.
La verdad es que en la cuesta donde aparcamos ya había uno similar, casi tan grande.
En fin, el Drago está en un recinto al que cuesta entrar 4€ o así. Desde la plaza del ayuntamiento lo puedes ver, así que nos conformamos con eso (dicen que debajo de él vive un lagarto bastante grandote que impresiona, no sé).
Conforme te acercas a dicha plaza, relaciones públicas te invitan a degustaciones gratuitas en sus tiendas, para que compres souvenirs, licores, vinos o alimentos tradicionales de allí (como mojo, queso, etc). También te ofrecen la visita a un mariposaurio.
Lo cierto es que, aunque el Drago está bien, lo que más nos atrajo de allí es la tienda Benetton Outlet que nos encontramos, jaja...
Seguimos por una serpenteante carretera, dirección Puerto Santiago, desviándonos hasta Masca por un aun más serpenteante asfalto; teníamos curiosidad por ver el Caserío de Masca (ya la han cerrado: una casa decorada típica) y el famosos sendero que lleva a una playa entre Los Gigantes. Se veía bastante gente preparada para hacerlo, y eso que es considerado de dificultad muy alta.
Nosotros no lo hicimos. Como dije en el inicio, el día era despejado en el norte, así que conforme nos acercábamos al sur el calor era desesperantes y llegamos a Masca sobre las 13:30 horas.
Seguimos bajando hacia Puerto Santiago buscando donde bañarnos, así que fijamos de objetivo Playa La Arena, que hablaban bien de ella. La curvosa carretera empezaba a ser cansada; la vuelta sería por la Autovía Sur, aunque nos pillara lejillos.
Por fin vi una de las famosas playas negras de Tenerife: arena oscura y fina. Aunque Playa La Arena estaba llenísima de gente, ademas nosotros preferimos rocas donde entretenernos con las gafas y el tubo snorkel; así que nos adentramos por un lateral de la zona, y encontramos un paisaje rocoso volcánico precioso (ver fotos), donde nos entretuvimos olisqueando los fondos un rato.
Tras el chapuzón fuimos a Los Gigantes, que quedaba un poco más arriba, para ver lo de las embarcaciones; no nos decidimos aunque apuntamos cosas.
Ya para casa por la Autovía Sur (no quería volver a pasar por aquellas curvas); así que tuvimos que seguir bajando hasta la famosa Playa de las Américas donde se tomaba.
Paramos en un centro comercial de esos abiertos llamado San Eugenio, donde pude aliviar mi apretada vegiga, jaja, y de camino olisquear un Mango Outlet, aunque fui buena y no me compré nada.
Poco vimos. Sí que parecía -zona de guiris- como todos decían, pero vamos, en esta ocasión poco más que decir.
1.15h de autovía hasta el hotel. ¡Siempre nos equivocábamos en el desvío cerca del aeropuerto y acabábamos metiéndonos en Santa Cruz de Tenerife!

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